Vista aérea de Miranda de Ebro con la ubicación de la casa junto al río y el puente de Carlos III.

La Casa Palacio de los Condes de Berberana o Casa de las Cadenas está ubicada en la zona céntrica de localidad burgalesa de Miranda de Ebro en su Plaza España frente al ayuntamiento.

Miranda de Ebro es un importante centro industrial situado en una zona privilegiada asimismo de cara al turismo, tanto cultural por su proximidad a lugares como Burgos, Santo Domingo de la Calzada, San Millán de la Cogolla, etc., enológico por su proximidad a La Rioja o de naturaleza pues en su término municipal cuenta con los lugares de interés de los Montes de Miranda de Ebro y Ameyugo y las riberas del Ebro y está próximo a la estación de esquí de Valdezcaray y otros espacios naturales de interés de la provincia de Burgos y limítrofes. Es también un importante nudo de comunicaciones; en un radio de tan sólo 80 km se encuentran las ciudades de Bilbao, Burgos, Logroño y Vitoria y en ella se cruzan las autopistas Autopista del Norte -AP1-que une Madrid con la frontera francesa y la Autopista Vasco-Aragonesa –AP68- que atraviesa transversalmente la península por su parte norte. Históricamente ha sido un importante nudo ferroviario y en un futuro próximo contará con una estación del tren de alta velocidad - AVE- del norte que unirá España con la red de alta velocidad europea.

Fachada principal de la casa (Plaza España).

La casa fue construida en las últimas dos décadas del siglo XVI constituyéndose a partir del siglo XVII en la casa solar de Berberana por la unión de las familias Rivaguda, titular del mayorazgo de Miranda de Ebro, y Gil-Delgado, titular del señorío de Berberana, que en 1789 pasaría a condado, por concesión de Carlos IV, con motivo de la jura como Príncipe de Asturias de su hijo Fernando.

Se la conoce también como Casa de las Cadenas debido a las cadenas de hierro que penden sobre su acceso, concedidas por el rey Fernando VII en 1828 tras alojarse en el edificio. Sin embargo no es éste el único episodio histórico del que la casa ha sido testigo. En 1660 descansó en ella la infanta María Teresa, que viajaba a la isla de los Faisanes a encontrarse con Luis XIV con quien posteriormente contraería matrimonio. El 16 de agosto de 1837, en plena contienda carlista, tuvo lugar otro hecho de muy distinta índole, al ser asesinado, en la escalera de subida a la segunda planta de la casa, el segundo general en jefe del ejército liberal, Rafael Ceballos Escalera, a mano de las tropas del regimiento de Segovia acantonadas en Miranda de Ebro, que se amotinaron reclamando el cobro de su soldada. En la “COLECCIÓN DE DOCUMENTOS OFICIALES Y EXTRA-OFICIALES, relativos á los asesinatos y tentativas de insurrección hechas últimamente en varios puntos del reino, y castigos impuestos á sus autores” (publicada por la imprenta de D. F, de P. MELLADO en abril de 1838) se pueden leer crónicas del suceso y sobre la sentencia de la pena que el general Espartero aplicó a los responsables del crimen que fueron fusilados en la "Venta del Rojo". Además de estos acontecimientos contrastados, se cuenta que la casa acogió a José Bonaparte, e incluso al propio Napoleón.

Vista de los balcones sobre el jardín.

Mirador sobre la calle Independencia.

La casa presenta planta en L con un cuerpo principal cuya fachada da a la Plaza España y un ala que se abre sobre el jardín con fachada a la calle de la Independencia.
La fachada principal está construida al estilo de los palacios renacentistas italianos, con un piso a ras de la calzada en el que se abren dos ventanas de las dependencias auxiliares y dos portones enmarcados por sendos arcos conopiales. En el primer piso de la vivienda se abren dos ventanas con arcos igualmente conopiales. El piso superior está recubierto de sillares almohadillados regulares y tiene un balcón corrido de rejería barroca a lo largo de toda la fachada. En él se abren tres vanos que corresponden a los balcones de las piezas principales de la casa y cuya linealidad contrasta con los arcos del piso inferior. El alero del tejado incorpora canecillos de madera labrada. Pero, con todo, el elemento que destaca en la fachada son las cadenas que dan nombre a la casa. En los escudos que se pueden ver junto a las cadenas no se puede reconocer ninguna representación heráldica debido a que en tiempos de Fernando VII, uno de los propietarios de la casa, liberal convencido, consideró que no era apropiado que en su casa figuraran estos símbolos nobiliarios, por lo que hizo picarlos.

La fachada de la calle de la Independencia consta de dos cuerpos inferiores en piedra de mampostería y sillares en las esquinas y ventanas, y uno superior en ladrillo rústico en el que sobresale un mirador con estupendas vistas sobre el río Ebro y el puente de de Carlos III. El jardín se cierra a la calle por un cuidado muro de mampostería en el que se abre un portón cuyo vano está asimismo enmarcado por sillares.Al igual que otros edificios de su categoría y época, además de las dependencias destinadas a vivienda, la casa dispone de espacios que se destinaban a dependencias auxiliares, caballerizas, guadarnés, panera e incluso cuenta con un pequeño calabozo.

Sobre el amplio jardín se abren los balcones de la mayor parte de las habitaciones, además de ventanas de las casas de los números 1, 3 y 5 de la calle San Llorente, actualmente desalojadas y que conforman la totalidad de la propiedad, cuya superficie real asciende más de 2000 m2..
Al interior de la casa se accede a través de un amplio portalón en el que destaca una escalinata de piedra de estilo renacentista con doble arco carpanel. A lo largo de los años la zona habitable ha experimentado las lógicas transformaciones exigidas por su uso como vivienda, si bien conserva elementos estructurales originales o de los que los diferentes propietarios fueron añadiendo, enriqueciéndola, como puertas, chimeneas, techos de viga vista, etc. La adaptación a las necesidades del uso de la casa se tradujo en un momento dado en su división en dos viviendas independientes, ocupando básicamente cada una de ellas una de las plantas principales del edificio y en la compartimentación de lo que fue el gran salón de baile de la planta superior. La última gran reforma data de hace unos treinta años y su finalidad fue dotar a la casa de las infraestructuras necesarias para proporcionar a las viviendas el adecuado confort.

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